Vicente Aleixandre war ein spanischer Lyriker, der am 26. April 1898 geboren wurde und am 14. Dezember 1984 verstarb. Aleixandre kam in Sevilla zur Welt. Seine Kindheit verbrachte er in Málaga, bevor er 1909 mit seiner Familie nach Madrid umzog. In Madrid nahm Aleixandre ein Studium der Rechts- und Wirtschaftswissenschaften auf. Eine wichtige Begegnung fand 1922 im Ateneo statt, wo er Rafael Alberti kennenlernte. In dieser Zeit hatte er auch eine Beziehung mit der Schauspielerin Carmen de Granada. Er unternahm Reisen durch verschiedene europäische Länder und begann, erste Gedichte zu verfassen. Gesundheitliche Probleme zwangen ihn dazu, seine ursprünglichen Pläne einer Karriere als Kaufmann aufzugeben. Ab 1925 widmete er sich ganz der Literatur. Für sein Werk "La destrucción o el amor" erhielt Aleixandre 1934 den spanischen Nationalpreis für Literatur. Während der Zeit von 1936 bis 1944 hatte er aufgrund des Charakters seiner Werke ein Publikationsverbot, das er jedoch durch heimliche Veröffentlichungen umging. Im Jahr 1950 wurde Aleixandre Mitglied der Real Academia Española. 1977 wurde Aleixandre der Nobelpreis für Literatur verliehen.
Vicente Aleixandre wurde in Sevilla, Spanien, geboren.
Detalle del mural de Jonathan Morillas (Doger) de agosto de 2018, en la estación de servicio de Baños del Carmen, Baños del Carmen, Málaga, España. En la imagen, el texto «Málaga / Ciudad del Paraíso / Vicente Alexiandre». El mural representa una vista panorámica del balneario de Baños del Carmen en la que aparecen unas cotorras volando, un gato recostado en la escollera, gaviotas y flamencos, delfines y una jábega. En el mural, también aparece representando disimuladamente el propio autor, acompañado de un perro.[1][2]
Placa conmemorativa dedicada a Vicente Aleixandre en el número 6 de la calle Córdoba, Málaga, España. La inscripción en la placa dice: «Aquí vivió el poeta / Vicente Aleixandre / hijo adoptivo de Málaga / que consagró a la / "ciudad del paraíso" / el más encendido de sus libros / El Ayuntamiento malagueño / le dedica esta lápida / MCMLX».
Vista de situación de la placa conmemorativa dedicada a Vicente Aleixandre en el número 6 de la calle Córdoba, Málaga, España. La inscripción en la placa dice: «Aquí vivió el poeta / Vicente Aleixandre / hijo adoptivo de Málaga / que consagró a la / "ciudad del paraíso" / el más encendido de sus libros / El Ayuntamiento malagueño / le dedica esta lápida / MCMLX».
Monumento a Vicente Aleixandre en la travesía Pintor Nogales, Málaga, España. El monumento recoge como inscripción conmemorativa sobre paneles de madera el poema 'Ciudad del paraíso' de Vicente Aleixandre. La inscripción dice: «Ciudad del paraíso / Vicente Aleixandre. Premio Nobel de Literatura 1977 / A mi ciudad de Málaga / Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. / Colgada del imponente monte, apenas detenida / en tu vertical caída a las ondas azules, / pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas, / intermedia en los aires, como si una mano dichosa / te hubiera retenido, un momento de gloria, antes de hundirte para siempre en las olas amantes. / Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira / o brama por ti, ciudad de mis días alegres, / ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo, / angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas. / Calles apenas, leves, musicales. Jardines / donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas. / Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, / mecen el brillo de la brisa y suspenden / por un instante labios celestiales que cruzan / con destino a las islas remotísimas, mágicas, / que allá en el azul índigo, libertadas, navegan. / Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda. / Allí, donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable, / y donde las rutilantes paredes besan siempre / a quienes siempre cruzan, hervidores, en brillos. / Allí fui conducido por una mano materna. / Acaso de una reja floridauna guitarra triste / cantaba la súbita canción suspendida en el tiempo; / quieta la noche, más quieto el amante, / bajo la luna eterna que instantánea transcurre. / Un soplo de eternidad pudo destruirte, / ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un Dios emergiste. / Los hombres por un sueño vivieron, no vivieron, / eternamente fúlgidos como un soplo divino. / Jardines, flores. Mar alentando como un brazo que anhela / a la ciudad voladora entre monte y abismo, / blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso / que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra! / Por aquella manomaterna fui llevado ligero / por tus calles inerávidas. Pie desnudo en el día. / Píe desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro. / Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas. / Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas».
Monumento a Vicente Aleixandre en la travesía Pintor Nogales, Málaga, España. El monumento recoge como inscripción conmemorativa sobre paneles de madera el poema 'Ciudad del paraíso' de Vicente Aleixandre. La inscripción dice: «Ciudad del paraíso / Vicente Aleixandre. Premio Nobel de Literatura 1977 / A mi ciudad de Málaga / Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. / Colgada del imponente monte, apenas detenida / en tu vertical caída a las ondas azules, / pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas, / intermedia en los aires, como si una mano dichosa / te hubiera retenido, un momento de gloria, antes de hundirte para siempre en las olas amantes. / Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira / o brama por ti, ciudad de mis días alegres, / ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo, / angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas. / Calles apenas, leves, musicales. Jardines / donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas. / Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, / mecen el brillo de la brisa y suspenden / por un instante labios celestiales que cruzan / con destino a las islas remotísimas, mágicas, / que allá en el azul índigo, libertadas, navegan. / Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda. / Allí, donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable, / y donde las rutilantes paredes besan siempre / a quienes siempre cruzan, hervidores, en brillos. / Allí fui conducido por una mano materna. / Acaso de una reja floridauna guitarra triste / cantaba la súbita canción suspendida en el tiempo; / quieta la noche, más quieto el amante, / bajo la luna eterna que instantánea transcurre. / Un soplo de eternidad pudo destruirte, / ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un Dios emergiste. / Los hombres por un sueño vivieron, no vivieron, / eternamente fúlgidos como un soplo divino. / Jardines, flores. Mar alentando como un brazo que anhela / a la ciudad voladora entre monte y abismo, / blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso / que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra! / Por aquella manomaterna fui llevado ligero / por tus calles inerávidas. Pie desnudo en el día. / Píe desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro. / Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas. / Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas».
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Vicente Aleixandre, Nobel Prize in Literature laureate
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